Albaricos Verdes

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Mi colección de momentos II

25 de enero de 2011

Hoy he vuelto a abrir los cajones; ya había material suficiente para los dos; antiguallas y novedades, ha sido divertido cuando he confundido unas con otras. En el primer cajón, la crónica de un viaje por hacer, la mochila llena de comienzos me traslada a otros días en los que andaba la ciudad, mochila a espalda llena de finales. Igual que las antiguallas y las novedades; la palabra miscelánea, porque dentro de mí, ambas sustancias tienen forma anatómica y pedales, y llegan a ser lo mismo.

A ti, te he guardado el abrazo del oso, las noches de Shanghai, el café número cien, las palabras cortadas, las violetas de caramelo, una limpieza bucal y mi primer single; se ha colado por detrás de los cajones y estará tomando polvo, pero saldrá de debajo de la cama. Un poco de polvo no es nada, y en ocasiones, también limpia.

Retomar. Comencemos por el final de las cosas. Empieza un periódico en la última página, y al pasar, vas haciéndole arrugas. Parece más difícil leer de esta manera sólo porque no es la manera indicada. Abrir y cerrar los cajones, siempre estás buscando algo que no te pertenece. Ahora lo recuerdo, donde lo puse, la idea, ésta: dos personas, leve asombro de realidad, dos personas relacionadas socialmente, compartiendo momentos, arrugándose de cambios, cada persona tiene una opinión firme de la otra persona, sin prejuicios, creen conocerse o es cierto que se conocen, no importa, los detalles silenciosos no afectan de puertas para fuera, y ellos continúan con la extraordinaria relación que los atañe.

Es el momento de los personajes, mi momento entonces. Desnudar a una gaviota y ser una coreografía. El viento sopla las hojas de todos mis libros. Dibujar un rostro es una buena manera de conocerse, no me reconozco en las fotografías, cada uno tiene sus cosas.

Yo tengo pesadillas, (duermo mucho), ganas de estar, en esos viajes sin freno en la cuesta abajo en la turbina, angustia bajo edredones. La mañana no la he conocido. Frío sol de invierno y apetencia lejanos, y yo tan jodidamente cerca que me olvido, quiero, el plan de medianoche y otra compañía, sobre todo, esa otra compañía hacia la que trasladarse.

Cansada del yo, todo lo etéreo lo quiero, dinastías y roces, habitaciones amarillas y cojines y ventanas espías, luces de neón, paréntesis para mirar el desnudo caminante el rostro los zapatos el viento sobrevolar. Soy un astro embrionario, una estrella imposible. Estoy ante un viaje in vitro, uno más, el último. ¿Lección de qué? Respuesta de ti, pero de tu lunar o fotografía.

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