Por las mañanas, mojada, recién salida de la ducha, aparece corriendo desnuda lanzando gritos en la cama, como un tren atropellando mis sueños. Se acurruca a mi lado y se deja llevar durante unos minutos besando y acariciando mi espalda mientras yo vuelvo a ese blanco lugar oculto entre mis sueños.
Como si la levedad formase parte de ella, me susurra al oído para que despierte. "vas a llegar tarde".
Son tus caricias
la bella melodía
que enciende el día.