Albaricos Verdes

Esta web no va de fruta, pero alimenta igual

La búsqueda

16 de noviembre de 2010

Había consumido casi la totalidad de su existencia buscándola.
De niño vivió y jugó con ella, pero el paso del tiempo le hizo perder su pista. Hasta que un buen día se decidió a salir a su encuentro, con la creencia de que sólo así su historia tendría sentido. Construyó una jaula de cristal antes de partir, donde la guardaría y desde donde podría admirarla mirarla sin miedo a estropearla. Y marchó. Pero de todo esto hace ya mucho tiempo, cuando pensaba que su aventura sería tarea fácil.

Muchos años la buscó por los pueblos y ciudades del planeta, en cada rincón, en cada barrio, en cada calle y carretera. Pero nada. Rastreó los frondosos bosques y las exuberantes selvas, y cuando la inquietud se apoderó de él, escaló las más altas montañas y atravesó los más vastos desiertos. Y nada.

“Tal vez en el mar”, pensó.

Y recorrió cada océano, sus profundidades y superficies. Miles de días se sentó a sus pies, ante el infinito azul, a la espera de vislumbrarla. Pero nada.

“Sólo me faltan los cielos”.

Y atravesó el firmamento entero, escudriñando entre nubes y vientos, por detrás del arco iris y en el centro de los tornados. Pero nada.

Se quedó sin fuerzas. Sentía que su aventura había llegado a su fin. Apesadumbrado, cerró los ojos y empezó a recordar los paisajes, los animales, las plantas, las gentes, los mares y los vientos que había conocido. Poco a poco, la tristeza se hizo a un lado, dejando hueco a la tranquilidad de la sonrisa de quién encuentra la paz. Y al abrirlos nuevamente, la encontró a ella ante él, mirándole, satisfecha de sus andanzas. Una incontenible emoción le agarró el cuerpo de punta a punta y, dejando escapar un mar de lágrimas, se echó a sus brazos. Solo entonces se dio cuenta de la verdad de su causa y cogiendo aquella jaula que construyó muchos años antes, la estampó contra el suelo haciéndola añicos. Porque había comprendido que no se puede secuestrar lo hermoso en una jaula de cristal. Porque en ese momento comprendió que las cosas bellas deberían ser siempre libres.

Feliz, volvió a sus brazos, dejando que su tiempo se consumiera como siempre había soñado: abrazado a la VIDA.

blog comments powered by Disqus