Tras el último amén del casete los cinco hombres se fueron levantando ordenadamente y besaron el ataúd. El último, el mismo que había invitado a Manslou a pasar, le mostró una pequeña figura humana de madera que después depositó sobre la tapa de nogal. Ladeando la cabeza, le indicó al detective que les acompañara.
-Esta figura supone un talismán al que aferrarse al vagar por los senderos de la muerte- le explicó mientras se dirigían a la salida.- Sin ojos para no ver el horror que sufren los que quedaron atrapados en el camino, sin oídos para no enloquecer ante los gritos de las almas hechizadas. Seguir Leyendo »