Albaricos Verdes

Esta web no va de fruta, pero alimenta igual

Un cadáver exquisito VIII

Escuchó todo; la voz de ella, cayendo entrelazada con la lluvia, dirigía sin saber cómo, sin ser consciente, sus pasos fuera de la iglesia. Los demás no se atrevieron a seguirlo. Manslou tuvo que sentarse para escucharlo. Parecía un indigente a las puertas del gran templo. La lluvia, como ella, tampoco cesaría nunca. El fin del mundo, tal y como él lo veía. Conocer no es siempre aconsejable, no al precio que había comenzado a pagar. Ella era su mujer y Aquitania el lugar donde se conocieron. No podían morir aquellos hombres porque eran aquellos cuatro (y él se encontraba, incomprensiblemente, en el mismo lugar que ellos) sus hombres. Ya no habría ni uno más, juraba, pero tampoco entonces podrían quedar menos. Y en cualquier caso eran más de los que Manslou podía soportar. Había comenzado a odiarles, a imaginarles…si ellos no habían salido de aquel pueblo, era evidente, entonces ella lo había frecuentado demasiadas veces. Miró en derredor, estaba solo. Le exigió que volviera a su lado y restaurara la paz entre vivos y muertos, pues al fin y al cabo, era la única diosa que él conocía. Seguir Leyendo »

Un cadáver exquisito VII

15 de marzo de 2011

Fuera comenzó a llover de nuevo. El sonido del agua golpeaba con insistencia las vidrieras del gran rosetón, camuflando los quejidos de los tres hombres, perdidos y asustados sin su líder, Cisón.
Manslou sintió un escalofrío. Quien quiera que estuviese detrás de los asesinatos sabía perfectamente lo que hacía, y lo peor, sabía perfectamente quién era él. Haberle citado en Aquitania no podía deberse a una casualidad, eso seguro, pero… ¿qué estaba pasando por alto?
El detective abandonó sus pensamientos cuando los tres tipos se dirigían a la puerta:

- Yo de vosotros no haría eso, -grito Manslou desde el Presbiterio- A no ser que queráis mojaros, como ellos. -Dijo señalando la tétrica imagen a sus espaldas. Seguir Leyendo »

Un cadáver exquisito VI

8 de marzo de 2011

Los ojos de Cisón se abrieron como platos.

- También debo hablar con Grango – dijo Asier desde el otro lado del teléfono.

La seriedad del rostro de Cisón se hizo más severa.

- No salgas del pórtico. En esta zona, cuando llueve así, ocurren cosas muy extrañas. Vamos a buscarte. Cisón se dirigió a un armario situado detrás de la puerta y saco dos ponchos impermeables de color gris metalizado.

- Acompáñame. - Le dijo a Grango arrojándole uno de los ponchos. Cuando terminaron de vestirse, cedió su revolver a uno de sus compañeros. - Si hace algo extraño, no dudes en dispararle.

Salieron rumbo a la Iglesia. En la habitación, los cuatro hombres permanecieron en un tenso silencio. Pasaron los minutos. Las miradas de los hombres se cruzaban entre sí. Media hora después, aún no habían vuelto. Quién sujetaba el revolver se asomó a la ventana. Seguir Leyendo »

Un cadáver exquisito V

27 de febrero de 2011

Cisón, con un ademán, le indicó que se sentara.

Mientras, los demás, metódicamente, iban colocando cubiertos, aperitivos, vasos, pan, servilletas y demás enseres necesarios para un contencioso banquete.

- Las noches, en Aquitania, son frías y húmedas. Mejor combatirlas con un buen fuego y una comida caliente – masculló Cisón, encendiendo la chimenea.

Maslou asintió con la cabeza, a pesar de saber que no le miraba. Como si de sirvientes se tratara, los cuatro hombres silenciosos se dispusieron a servir la comida. “Se nota quién es el líder” pensó Maslou. El detective era un gran aficionado a los banquetes y festines culinarios, sin embargo, en aquel momento, no se sentía cómodo rodeado de tanta comida; su cuerpo le pedía algo completamente diferente… Seguir Leyendo »

Un cadáver exquisito IV

20 de febrero de 2011

Salieron de inmediato, como si sus palabras hubiesen despertado un temor ya conocido.

Les seguía unos pasos por detrás o ellos le guiaban unos pasos por delante, fuera como fuera, por mucho que acelerase el paso, la distancia se mantenía. El cielo se iba cubriendo con nubes de color bilioso cada vez más oscuro y, advirtiendo como aumentaba el nerviosismo de sus extraños guías, saltaron una verja en dirección a lo que parecía una casa abandonada. Al tiempo que se escuchaba un extraño llanto venido del horizonte sintió un fuerte agarrón y como le llevaban hacia el interior de la misma por una ventana, parecía una coreografía que hubiesen ensayado miles de veces. Seguir Leyendo »