Fuera comenzó a llover de nuevo. El sonido del agua golpeaba con insistencia las vidrieras del gran rosetón, camuflando los quejidos de los tres hombres, perdidos y asustados sin su líder, Cisón.
Manslou sintió un escalofrío. Quien quiera que estuviese detrás de los asesinatos sabía perfectamente lo que hacía, y lo peor, sabía perfectamente quién era él. Haberle citado en Aquitania no podía deberse a una casualidad, eso seguro, pero… ¿qué estaba pasando por alto?
El detective abandonó sus pensamientos cuando los tres tipos se dirigían a la puerta:
- Yo de vosotros no haría eso, -grito Manslou desde el Presbiterio- A no ser que queráis mojaros, como ellos. -Dijo señalando la tétrica imagen a sus espaldas. Seguir Leyendo »