Cisón, con un ademán, le indicó que se sentara.
Mientras, los demás, metódicamente, iban colocando cubiertos, aperitivos, vasos, pan, servilletas y demás enseres necesarios para un contencioso banquete.
- Las noches, en Aquitania, son frías y húmedas. Mejor combatirlas con un buen fuego y una comida caliente – masculló Cisón, encendiendo la chimenea.
Maslou asintió con la cabeza, a pesar de saber que no le miraba. Como si de sirvientes se tratara, los cuatro hombres silenciosos se dispusieron a servir la comida. “Se nota quién es el líder” pensó Maslou. El detective era un gran aficionado a los banquetes y festines culinarios, sin embargo, en aquel momento, no se sentía cómodo rodeado de tanta comida; su cuerpo le pedía algo completamente diferente… Seguir Leyendo »