Tras la explosión, me encontré con un pedazo de ti pegado en mi mejilla. Que dulces recuerdos...
Parpadeos
Ella parpadeó para borrar aquéllo que ya había sido, que ya había sido preguntado ¿Por qué me miras así?
Porque era una mirada que no conocía y dos semanas después, ¡Zas!
No le he dicho que puedo leer los pensamientos.
Pero paso las horas mirándola, hasta el día en que descubra otra vez aquéllo en su rostro.
Ella se cansa y entonces me dice: ¿Por qué me miras así?
Parpadeo asustado y pienso en las dos semanas que nos quedan.
Un cadáver exquisito VIII
Escuchó todo; la voz de ella, cayendo entrelazada con la lluvia, dirigía sin saber cómo, sin ser consciente, sus pasos fuera de la iglesia. Los demás no se atrevieron a seguirlo. Manslou tuvo que sentarse para escucharlo. Parecía un indigente a las puertas del gran templo. La lluvia, como ella, tampoco cesaría nunca. El fin del mundo, tal y como él lo veía. Conocer no es siempre aconsejable, no al precio que había comenzado a pagar. Ella era su mujer y Aquitania el lugar donde se conocieron. No podían morir aquellos hombres porque eran aquellos cuatro (y él se encontraba, incomprensiblemente, en el mismo lugar que ellos) sus hombres. Ya no habría ni uno más, juraba, pero tampoco entonces podrían quedar menos. Y en cualquier caso eran más de los que Manslou podía soportar. Había comenzado a odiarles, a imaginarles…si ellos no habían salido de aquel pueblo, era evidente, entonces ella lo había frecuentado demasiadas veces. Miró en derredor, estaba solo. Le exigió que volviera a su lado y restaurara la paz entre vivos y muertos, pues al fin y al cabo, era la única diosa que él conocía. Seguir Leyendo »
Otoños transparentes
Regalo poemas cargados de belleza
regalo sueños tintados de ilusiones
regalos momentos, también emociones
regalo mentiras llenas de flaquezas.
Regalo besos que quisieron ser flores
regalo metáforas sin esqueleto
regalo una sílaba en este soneto
regalo palabras que forman colores.
Regalo ripios que disparan sin bala
regalo espigas de trigo y amapolas
regalo claveles que oxidan pistolas.
Regalo versos que vuelan sin dos alas
regalo cobardía a gente valiente
regalo abrazos y otoños transparentes.
Un cadáver exquisito VII
Fuera comenzó a llover de nuevo. El sonido del agua golpeaba con insistencia las vidrieras del gran rosetón, camuflando los quejidos de los tres hombres, perdidos y asustados sin su líder, Cisón.
Manslou sintió un escalofrío. Quien quiera que estuviese detrás de los asesinatos sabía perfectamente lo que hacía, y lo peor, sabía perfectamente quién era él. Haberle citado en Aquitania no podía deberse a una casualidad, eso seguro, pero… ¿qué estaba pasando por alto?
El detective abandonó sus pensamientos cuando los tres tipos se dirigían a la puerta:
- Yo de vosotros no haría eso, -grito Manslou desde el Presbiterio- A no ser que queráis mojaros, como ellos. -Dijo señalando la tétrica imagen a sus espaldas. Seguir Leyendo »